Un Siglo de Olvido

El nombre de este blog “Un Siglo Sin Tren” parece que es una frase hecha de las que gustan en esta comarca. Cuando algo se olvida, siempre se dice “hace un siglo que…”, pero no, en este caso, no. El mensaje es ése, pero el origen del nombre no es una frase hecha, es algo mucho más penoso.

En realidad el título es ése por algo que pasó hace casi un siglo. Y no pasó en cualquier sitio, ocurrió en las Cortes de España, concretamente en el Senado. Estamos hablando del año 1919. Alfonso XIII era Rey de España, de una España convulsa desde el asesinato de Canalejas en 1912 y con una Europa justo tras la finalización de la Primera Guerra Mundial. En esa España había elecciones casi cada año por los continuos conflictos, y 1919 ya se inició con un gobierno provisional. Así que, en enero de 1919 teníamos un Congreso y un Senado funcionando, pero un ambiente complejo.

En esa época, los ambientes bélico en Europa y colonialista en África, habían creado una oportunidad para España. Conectar Francia con Marruecos era una posibilidad de riqueza para el país, los inicios de la visión de la logística moderna.

Hoy todo el mundo tiene claro que conectar el centro de consumo con el centro de producción de la forma más eficiente genera riqueza. En aquella época se vislumbraba este tema, pero aún sonaba a ciencia ficción.
Pero algo se olía. Así que nada más empezar 1919, el 21 de enero de ese año, el Ministro de Fomento de la época D. José Gómez Acebo llevó al Senado un Proyecto de Ley. Sólo su título nos puede abrir los ojos: “Proyecto de Ley, presentado por el señor Ministro de Fomento relativo a la construcción, por cuenta del Estado, de un ferrocarril directo entre la frontera francesa y el Puerto de Algeciras”.

Sí, habéis leído bien. El 21 de enero de 1919 se aprobó en el Senado este proyecto de Ley, cuyo artículo 1 decía: “Se autoriza al Gobierno de su Majestad para construir y explotar por su cuenta un ferrocarril de doble vía y 1,44 m de ancho de carril, con tracción eléctrica, que una la frontera francesa y el Puerto de Algeciras”. Hay que matizar: ferrocarril de doble vía, ancho de 1,44 m (ancho europeo) y tracción eléctrica. ¡Los mismos parámetros que definen los corredores europeos! ¡Y ninguno de los tres se cumplen en la actual línea férrea!

En la exposición de motivos, se cuenta que la guerra había modificado el mapa mundial y que España había dejado de estar en el extremo de Europa y pasaba a constituir un centro de tránsito de gran movimiento mundial “que el Gobierno estima debe fortalecerse y en ningún modo entorpecerse”. La verdad, parecen visionarios. Hoy mismo, cualquiera firmaría esa frase. Vieron claro lo que realmente pasaría con Algeciras: iba a convertirse en un centro del comercio mundial por ser la unión Europa – África y el paso obligado Asia – Europa – América, así que acercar Francia a Algeciras convertiría a Algeciras en el punto de entrada a Europa del incipiente mercado globalizado de mercancías.

Es estremecedor leer el diario de sesiones del Senado de ese día. Como lo es leer el debate celebrado en días posteriores, donde los diputados del levante criticaron al proyecto por considerar que se debería conectar mejor a los puertos de Valencia y Barcelona (¿os suena?). Aun así, tras el debate, se volvió a aprobar en segunda lectura el proyecto de Ley. Y ahí quedó. Como nos han hecho siempre, se metió en un cajón y nunca más se supo.

De ese momento hace más de 98 años. En enero cumpliremos 99. Es cierto que aún no se cumple un siglo, pero casi. El nombre del blog no es una entelequia, es un olvido, un abandono real.

Pero ya es hora que se recuerde, ¿verdad?

 

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One Thought to “Un Siglo de Olvido”

  1. Juan Mª de la Cuesta Berrocal

    «Un Siglo Sin Tren». «Un siglo de olvido».

    También es cierto que ya en 1513, hace más de cinco siglos, Nicolás Maquiavelo decía algo parecido a lo que sigue:

    «Mandan los más fuertes, los más despiadados, los más capaces de usar la fuerza y el engaño. Les sostienen todos los privilegiados de la sociedad; siempre los hay en las sociedades humanas, y éstos necesitan de una fuerza que defienda y perpetúe sus privilegios. El resto se aguanta; porque no están enterados, ni unidos, ni quieren líos; en el fondo, porque se lo merecen. Ésta es la eterna realidad política, y lo demás es literatura».

    «Cinco Siglos de Desidia e Indolencia».

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